A veces siente que es su sombra, siguiéndole a si mismo, desde el sudeste o el norte según el sol.
Y curiosamente, su sombra le simpatiza mas que si mismo; su espontaneidad, su silueta que se desdibuja, su imantacion y su capacidad de ser inconsecuente con aquel que le da vida, teniendo siempre aspecto propio...
Otras veces, le parece ver a su sombra desde si, y ser el protagonista, robarle identidad, vaciarla, aturdirla a su paso presuroso, marearla sin quedarse quieto.
Y es curioso también porque hay veces, las veces que duelen justamente, en que Demetrio siente que son dos:
El y su sombra
El y su sexo
El y todo lo que no fue es y sera
El y sus carencias
El y su inasistencia perfecta a tantas sentencias
El y lo que espera de el
El y su sombra quieta, dibujada en el piso, en los espejos, en la mañana en el agua, como mapa, como sendero del fin del mundo
El y sus bolsos llenos de silencios
El y su otro yo ensordecido
Y ahi, cuando es todas y ninguna, es alguna, jurado del desaliento, y con esa sonrisa irónica, debe fusilar al resto. Y en el disparo oscuro, en el relámpago mudo, se priva de todos, de si, de su sombra, de su sexo, su ausencia y Demetrio sobrevive siempre a lo que ya no tiene sentido...
Arriba el cielo, hundido, indeciso, azul, cristal roto en el que duerme el horizonte, sótano profundo en el que vive el aire, cúpula que habita la tormenta, terciopelo de luciérnagas nocturnas.
Abajo el ataúd de la tierra, abierto, esperando el bocado del olvido, el sepulcro hueco y sin memoria de la nada, el hechizo desmayado del vacío y la soledad infinita.
Así es el derecho y el revés de las cosas, el árbol del que pende la soga, el instante que arrancan los viejos dientes del dragón al filo de un latido.
Más allá del último borde se cae el mundo al precipicio, el lagarto no encuentra el final del túnel, las arañas sienten vértigo al trepar por la tela.
Esto es lo que hay. Nada más: El frenesí de un pájaro con un candado en las alas y cerraduras de plomo que le roban los ojos.
Carina sonrió nerviosa, lo cual, no sé explicar por que, la hacia verse aun mas hermosa. Después clavó sus verdes ojos en el suelo, como si buscara algo que se le había caído (aunque no se le había caído nada). Dudó unos instantes (¿cuatro segundos? ¿cuatro minutos? ¿cuatro horas?). Mientras seguía lloviendo. Sin dejar de dudar (esto se le notaba bien) levantó la cabeza, clavó sus ojos de niña en mi y dijo algo, en ese momento creí que dijo si, ahora creo que dijo no sé.
Sonrió, se levantó y corrió unos pasos, el colectivo se le iba, justo antes de subir se detuvo, dio media vuelta y me dijo algo. Pero no llegué a escucharla, el ruido de la lluvia me lo impidió.
Hace bastante
tiempo que ando buscando un marco apropiado donde volcar algunas
confesiones que hace mucho que vengo incubando y que ya llegaron a un
grado de madurez suficiente como para que puedan abandonar la rama de
mi árbol interior y sean de dominio público.
Por lo que pude
aprehender sobre la calidad de los visitantes de la web en general,
considero que este es el escenario adecuado sobre el cual volcar mi
secreto, que hasta ahora deambula solitario y sin rumbo por las
áridas planicies de mi conciencia.
Sé muy bien
que no es nada fácil hablar sobre asuntos de naturaleza íntima, y
el tema que me lleva a abrirles mi corazón lo es, y para aumentar el
tamaño del drama que vivo, se refiere al territorio de la
sexualidad. Sobre gustos y tendencias. Sobre mis gustos y tendencias.
Por eso es tan difícil ventilarlos en público.
Sé también
que después de ofrecerles en bandeja de plata mi más profunda
verdad, muchos de Uds. se sorprenderán. Otros, asumiendo una postura
de autosuficiencia, afirmarán: "¡yo sabíiiiia... bien que
desconfiaaaba!
Algunos no le
darán la menor importancia a lo que lean, y otros ni leerán lo que
escribo. En fin, cada cabeza una sentencia, puesto que cada individuo
es el producto de sus gustos y preferencias. Puedo decir,
empezando - y resumiendo - que pertenezco a una minoría con
tendencias sexuales que podrían ser consideradas por la mayoría
como "anormales", lo que, debemos aceptar, no es ninguna
vergüenza, pero se quiera o no se quiera, personas que se encuentran
en mi situación, cada día que pasa son más y más discriminadas,
como si fueran (fuéramos) enfermos leprosos o algo peor.
El grupo sexual
al que pertenezco es - si lo comparamos con la sociedad como un todo
- bastante reducido, pero creo que ése no es un motivo suficiente
para ser excluídos por el abuso de una conducta despiadada de la
mayoría que no respeta la individualidad sagrada del ser humano,
pisoteando con rencor el libre albedrío de las personas.
He vivido mi
particular forma de entender y ejercer la sexualidad, de manera casi
clandestina, usando subterfugios para no ser descubierto "in
fraganti", y es a eso a lo que deseo ponerle un punto final,
quedando liberado de la obligación de vivir callando y/o fingiendo.
Por todo eso - y a pesar de conocer el riesgo que corro - abro de par
en par mi alma ante mis amigos virtuales, y en dos simples palabras
les confieso mi más íntimo secreto:
SOY HETEROSEXUAL.
Sí. Confieso
que pertenezco a la minoría masculina que aprecia el sexo femenino,
que sueña con mujeres, que tiembla de emoción al contacto de la
piel femenina, y, lo que es mucho más grave, que no me arrepiento de
ello, sino que, al contrario, insisto y prometo reincidir siempre que
las circunstancias lo permitan.
Sí, amigos.
Soy heterosexual en un mundo en el que cada vez quedamos menos, y
cada vez más somos considerados como una especie en vías de
extinción, dignos de que nos expongan al ridículo en plaza pública.
Bueno, ahí
está. Para ser honesto, pensé que me costaría más, pero sin
embargo la confesión me salió de un tirón. Ni siquiera un simple
titubeo.
Creo que a esta
altura del partido muchos de Uds. habrán reaccionado horrorizados,
pensando "¿cómo es posible que a un hombre le gusten apenas
las mujeres?...
Así es. Así
soy. Este es mi delito: soy heterosexualísimamente heterosexual.
Le guste a
quien le guste, le duela a quien le duela.
Ahora, después
de haberme sacado este peso de encima, espero que mi confesión - que
reconozco es realmente terrible - no afecte la buena relación
virtual entre nosotros.
Finalmente,
creo que no debo terminar esta declaración ante el escribano mayor
de la Historia o el Fiscal de la Humanidad sin mencionar, para que
conste en acta, que tengo aprecio y consideración por todos aquellos
que no sintonizan el mismo credo sexológico que yo, y que respeto
toda y cualquier tendencia de toda y cualquier persona en toda y
cualquier circunstancia.
Yo, entretanto,
de la misma forma que pertenezco a la generación que aprecia un buen
trago y no de la que se decanta por otro tipo de drogas maléficas,
soy también un miembro vitalicio de la casta de los amantes del sexo
opuesto. Cuanto más femeninas, mejor. Vive la diference!
Bueno, si sobró
alguno me perdone por haber invadido su territorio para volcar en su
pantalla el guión de mis depravados vicios sexuales - bastante
anormales para la época, lo confieso - pero a los cuales, no tengan
la menor duda, no renuncio ni que las vacas empiecen a volar.
En otros tiempos, siempre son otros tiempos, los pescadores solían peinar las algas en busca de objetos valiosos, arrastrados desde naufragios perdidos.
Un día, Luther, un buen pescador, buscaba tesoros entre la cruel costa rocosa; vió una criatura iridiscente, adorable, varada en un charco. Extasiado observó a la frágil mujer, encantadora, pálida, ojos nacarados, cabellera verde plata, que caía sobre los pechos desnudos, su voz...
Le fué fácil convencer al pescador que la devolviese al mar en retirada. El la tomó, sutil, apretándola contra su pecho, y empezo a adentrarse en las aguas gélidas.
Luther era hermoso, fuerte, la mujer lo quizo para ella, eternamente; suplicante, lo invitaba a entrar en el mar, su cuerpo era una serpiente elástica entre sus brazos...
Sordo, escuchaba sólo su voz, líquida, efluvios salinos que emanaban de su boca sin labios, capaz de desencadenar tormentas arrebatadoras.
Se hubiese perdido para siempre si su perro no ladra, furioso, desde la orilla. Como despertando de un mal sueño, se alejo y la mujer se lanzó mar adentro, gritando con relámpagos, "Nueve veces rodearé tu casa, nueve ciclos esperaré por tí, amor, te llevaré a dormir en mi vientre...".
Las estaciones pasaron, nueve vidas se gestaron, nuevos sueños esperaron en la orilla. Luther, volvía a la costa rocosa, esperándola, Madrugada tras madrugada, fumando su pipa, hecha de espuma de mar. Ella aparecería, entre espuma y algas, le llamaría, con su voz. Luther sabría que ya era la hora y feliz, se lanzaría al abismo verde, a su amor de voz de plata negra...
"Soy almidón de azúcar. Sos nube grosera. Soy pequeños pieces y rutas bordeando la Cordillera. ¡Sos azúcar en la Cordillera! ¿Me darás tiempo para desligarme? Soy una pena triste en la húmeda Mar del Plata. Sos el viento que descansa en el puerto. Soy la arena fría a la que le lloran los mendigos. Somos relámpago en el cielo. Somos la agonía."
Una pesadilla le asalta con frecuencia: llega una mujer herida, por la noche, su casa, ubica el agujero en el pecho, a la izquierda... Su sangre al brotar mancha su puerta, al apoyarse, casi desvaneciéndose... Quiere que la deje entrar. Es como el alma de una amante muerta y resucitada, hambrienta aún... Sólo que no está muerta. Y aunque el vello en sus brazos se eriza y un aire frío que proviene de ella, cruza su umbral. No ha visto a nadie más vivo que ella cuando le toca, apenas roza su mano con la izquierda, su mano limpia, y susurra un "por favor"en cualquier idioma...
No es médico ni nada parecido. Ha llevado una vida normal, lo que un observador llamaría "sin tacha". Detrás, en la mesa, hay una fuente con fruta, una silla, un cuchillo, un plato con pan... Es primavera, y el viento de la noche huele húmedo, amargo y a flores tempranas. La luna irradia su belleza que como belleza ve al fin, tan cálida y ofreciéndole todo...Sólo hay que tomarla. Oye ladrar perros distantes. La puerta está entreabierta O entrecerrada? así permanece...
El
roce de las páginas de un libro que se hojea modela una mujer
hermosa, y cuando no se lee se contempla esa mujer con tristeza. Sin
osar hablarle, sin osar decirle que es tan hermosa, que estar con
ella no tiene precio, que cuando pasa imperceptible entre un murmullo
de flores, la envidian. A veces se da una vuelta en las temporadas
impresas para preguntarme la hora, o quizás finge contemplar
atentamente mis reliquias de un modo insólito en criaturas humanas
alguna.
Y el
mundo muere en rupturas, se produce en los anillos de aire una herida
a nivel corazón.
Y los
diarios matutinos traen fotos de cantantes cuyas voces tienen el
color de la arena en orillas tiernas y peligrosas.
Y a
veces el vespertino dejan paso libre a cumplidas muchachitas que
conducen fieras encadenadas.
Pero
lo mejor está en el intervalo de ciertas letras, donde manos más
blancas que el cuerno de las estrellas a mediodía, saquean un nido
de golondrinas a fin de que llueva para siempre bajo, tan bajo que
las alas no puedan entremezclarse. Manos por las que se asciende
hasta brazos, tan levemente, como el vapor de los prados en sus
graciosas volutas sobre los charcos, unos espejos imperfectos. Brazos
que sólo se articulan al peligro excepcional de un cuerpo creado
para el amor, cuyo vientre llama a los suspiros desprendidos de las
zarzas llenas de velos.
Y que
sólo tiene de terrestre la inmensa verdad del hielo, de los trineos,
de las miradas sobre una extensión absolutamente blanca, de lo que
no veré nunca más a causa de una venda maravillosa...
...que
es la que utilizo jugando al gallo ciego de las heridas...
Salido de la soledad, comienza de nuevo como si fuera la última vez que respirara y por eso, es ahora que respira por primera vez más allá de la comprensión de lo singular. Él está vivo, y por eso no es más que lo que se ahoga en el agujero insondable de sus ojos, y aquello que ve es todo lo que él no es: una ciudad de indescifrables sucesos, ya que sabe que esas ciudad es una y muchas (todas?) a la vez, un lenguaje de piedras, ya que sabe que a lo largo de la vida una piedra dará lugar a otra piedra para construir una pared y por lo tanto, sabe que todas esas piedras edificarán una abrumadora suma de detalles.
Capas oscuras se mecen con el viento en su hora lenta sobre los hombros difusos de los cualquiera, los nadie, que atraviesan las baldosas desconocidas del puerto… han puesto tantas leyendas en el nombre de los muertos, los fantasmas, el organillero loco, la paloma y el espíritu sacro; han tragado tanto ron y tanta niebla sus ojos, los ojos de aquellos que se recitan la noche.
Demetrio no entiende la despiadada inocencia del amor entre esas calles de nunca… los abismos son palpables, el veneno está en las gotas del rocío, la pesadilla se arrastra en el insomnio.
Y alguien canta su desesperada ausencia en las palabras de un verso tan viejo como la escena, esperando la salvación de los labios que no están junto a su boca, como si el amor jugara su milagro.
No hay inocencia, ni mucho menos piedad, en ese intento sin suerte, ni lugar, por mantenerse en el filo de la angustia hay sí una inmensa virtud que le desvela con su infranqueable verdad impredecible, como una venda que cae de los ojos con los párpados cerrados para romper la ceguera, como el más oculto y tímido secreto que lo sorprende sabiéndolo en el alma.
Pero no sé desde qué estado inconsciente o subconsciente se enluta de tristeza sus pupilas.
Poco hay para mirar, y, de eso poco, poco es lo que ve, y en eso todo es tan amplio que le alucina.
En las páginas ajadas, lo ruinoso de un poema, es apenas un sufrimiento callado.
Todas las formas posibles de estar solo son tan reales como el aroma que abunda y lo rodea
Vive de pie sobre mis párpados
sus cabellos están entre los míos
tiene la forma exacta de mis manos
y el color de mis ojos que la miran
se hunde entre mi propia sombra
como una piedra en el azul del cielo.
Tiene los ojos siempre abiertos
y me impide dormir con su mirada
a plena luz sus sueños luminosos
hacen evaporar todos los soles
sus sueños me hacen sollozar reír
y hablar sin tener nada que decir...
"La locura reside en hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes. Hay que mover distinto, cambiar de estrategia, perder el miedo y atreverse a patear el tablero. Romper estructuras. Sacudirse la sal que nos convierte en estatuas, zafar de la historia que nos tiraron por encima y hacerla nueva. Bancarse que hay buenas y malas. Mover, sacarse los zapatos y andar descalzos. Ser nuestro propio motor y generar lo necesario para alcanzar nuestro deseo, claro, primero hay que animarse a identificarlo y tener más coraje aún para acercarse a él. Me joden particularmente quienes se quejan de su triste vida y no hacen mas que repetir y quedarse en lo mismo, removiendo viejos recuerdo, muertos de miedo e inseguros de sus capacidades. Para cambiar algo hay que mover distinto."
Salir a caminar el barrio, reventarme la cara contra en viento frió, arrastrar los pies por las baldosas ajadas de las veredas, calar los ojos en los adoquines extrañamente conservados, transpira la presencia de Ángeles y Demonios, pero sobre todo salir a buscarte y respirar, respirar tu presencia en esas cosas tan maravillosas que traen los silencios trasnochados.
Y vos tan hermosa, loca como veleta a contra viento, o como sirena de niebla, pero hermosa como una perla o una luna que en un mar azul o un cielo nocturno son mas o menos lo mismo: Hembras, y vos sos una Hembra de puta madre, una lindura y eso me fascina, me enamora mas de lo enamorado, porque se trata de una belleza que cuando se le abre a uno es, como decirlo, la esperanza que vive en el fondo de la caja de Pandora Porteña; la furia brillante de un Leviatan del Río de la Plata; el rojizo destello de Venus en el mapa azul negro de la noche; y más allá la Cruz del Sur; y más allá el mágico silencio del rió, que de noche se colma de sus propios fantasmas, sus sueños, sus recuerdos. Y salgo a caminar, a rondar los viejos rincones del barrio como un ciruja, rascar con la uña el verdín de las paredes, y con los dientes, sacarle la pintura descascarada a la baranda del viento.
Y así rondar la hora cero, entre mañanas de secretos y maquinaciones bajas, de esas que se andan enredadas en el vientre. Y te dan la emoción, el miedo, el frió, la duda y el aplomo de un amor incurable.
Y vos tan hermosa, la cara fría en el vidrio helado, y del otro lado empañándose por la cara tibia, la cara blanca, con lagrimas y mariposas.
Loca como una carreta en la avenida o un timbre resonando en un zaguán oscuro, pero hermosa como una gota de sangre en una sabana blanca, como el reflejo de la llama de una vela, en una copa húmeda de vino, donde se ven los ojos y se ven las almas y de una forma u otra sangre o fuego; el labio que la tiene, es la boca de una hembra, y vos una mujer infinita, porque no sos Diosa, ni perla, ni Luna, sino Mujer, Una mujer que tiene Diosa, Luna, Perla en la carne, un sexo que pone filo en la noche, una blancura que es pureza hasta la humanidad misma de ser lujuria, una lindura que moja los escalones doblados de la media noche para que uno resbale y caiga en tu vientre, y así poder llorar siglos de llantos o reír siglos de risas
"No, bonita, hoy no. No me preguntes nada sobre nada. Sin vueltas y sin palabras ni sonidos. Sin amor ni odio ni nada que nos incluya. Es hoy solamente, te prometo que no volverá a ser así. Sin besos, sin “te quiero”, sin promesas, sin miradas, sin sonrisas y sin caricias. Nada de eso. Hoy necesito cogerte sin más."
Borra del fondo, las delicias de una página oscura se arremolinan sobre el hueso de la noche, gastando el sabor profundo de las rancias borracheras, como lenguas acariciando unos pétalos blandecidos por los rocíos...
Lamiendo el plato del hambre se conoce la insaciedad, se pierde el gusto en la desenfrenada búsqueda del gusto, y con el tiempo, se arruina el resto de algo que nos quede por saborear en la humedad de la boca...
Licor amargo, curda macabra que explora los infiernos y envilece a la locura; ¿qué idilio de irrealidad y ausencias hace aborrecer al mundo?
No sé si duela morirse en esos brazos pasmados de innobleza, y sin embargo tan fieles a la lágrima y al rezo, que aturde al alma y somete al cuerpo...
Licor de arrullos bestiales, blanda melodía de fiebre; en el peor de los casos nunca se domina al miedo, siempre se pierde otra vez, siempre hay otra vez, y a veces hay otras veces...
Es como volverse viejo en la ternura de un gajo de temblores, es como cuando se muerde el mal y sabe acre y más se muerde sólo para no rendirse, o para dejarse hundir en la tristeza al descubrirla tan frágil y tan bella que da miedo perdonarse, que da asco verse el rostro, verse las palmas mojadas y adormecidas, verse inútil... sólo verse...
La luna llena marcaba una línea muy nítida en las sombras que proyectaban los árboles y las casas en la plazoleta. Los niños jugaban a saltar esa línea divisoria en las noches de verano, encorriéndose unos a otros entre la parte clara y la parte oscura. Ellos se encendían y se apagaban según en que lado de la luna estuvieran. Formaban dos bandos. El juego consistía en imaginarse invisibles en la parte oscura de la plazoleta, como si se encontraran en la cara oculta de la luna, y en sentirse muy vulnerables mientras la luna los iluminara directamente fuera de las sombras. Cerca de aquella plazoleta donde los niños jugaban había un cine al aire libre.
Estaba en la cara oculta de la luna. De la pantalla emergían voces y gemidos, sonidos de galopes, de tiroteos y canciones que se solapaban con los gritos de los niños. También de ese lado de las sombras estaba tendido el mar cuyo latido se oía durante la noche después de una tormenta. Siempre he creído que aquella plazoleta dividida en dos por la luz de la luna en verano era la imagen del subconsciente o tal vez una representación de nuestro cerebro, que posee un alvéolo oscuro e imaginativo y otro racional y metódico. La vida se desarrolla según el bando que cada uno eligió en esa plazoleta bajo la luna llena. Había una niña de trenzas rubias que, al iniciarse el juego, siempre se decidía por el lado de la oscuridad. Apenas sus compañeros comenzaban a saltar la raya de la luna, ella huía hacia lo más profundo de las sombras y se perdía. Después de hacerse invisible algunas horas, volvía contando las historias que había vivido al oír las voces misteriosas que salían de aquel cine al aire libre, mientras tenía los pies dentro del mar; en cambio, había un niño que siempre optaba por jugar en la cara visible de la luna y nunca lograba entrar en su parte oscura porque trataba de saltar primero su propia sombra y nunca lo conseguía. Cualquiera puede imaginar que aquel niño todavía estará luchando inútilmente contra sus sueños. Aquella niña de las trenzas rubias, que siempre se perdía en la cara oculta de la luna, una noche no volvió. De hecho desapareció durante mucho tiempo y la familia, los vecinos, sus compañeros de juego, realizaron batidas para encontrarla, viva o muerta. La niña rubia no apareció hasta la luna llena de otro verano. En medio de la noche se presentó de nuevo en la plazoleta. La traía de la mano Miguel Abuelo y ella arrastraba con un anzuelo un pez de oro de gran tamaño, con una esmeralda en cada ojo...
"Simplemente aquí NO YACE el Dios que pisó la Tierra. Varias serpientes voraces, en el sepulcro de piedras se ríen a carcajadas por no encontrar el tesoro…Mientras otras , más discretas, rezan solemnes sus credos, sobre biblias incompletas escritas con su veneno, con sotanas disfrazadas bajo las cúpulas de oro.
Santo Dios !Si alguien supiera resultado de pesquisas… Santo Dios!Si aquí yaciera el de espinas coronado… Santo Dios!Si aquí se hubieran encontrado las cenizas… Santo Dios! Si se rompieran los cuentos del Vaticano…!"
Es domingo, todo está tranquilo. La ciudad ha cambiado, se siente diferente, ahora cada quien posee su propia mirada, como esperando algo. Una vez Demetrio se imaginó anciano y que contaba a sus nietos historias magnificas y tuvo una extraña visión. Vio como el mundo pereció como consecuencia del impacto de un asteroide, era solo una visión, algo como un sueño. Pensó en relatarla a sus nietos, pero no podría contar una historia en donde los primeros en perecer son ellos. Luego volvió a este presente y desde entonces viene viendo, desde hace tiempo, el cielo como esperando que algo caiga. Ahora ve que las personas tienen esa mirada extraña que el tenía y eso le tiene un tanto nervioso. ¿Será posible que la humanidad presienta su destrucción? No lo sabe, habrá que esperar para ver que sucede.
Sus pasos lo llevan hacia ningún lado. Da vuelta en las calles de esta ciudad haciendo que se evaporen los minutos. Dos amigos aparecen, conversan por un rato, discuten asuntos sobre la realidad que se vive y lo extraño que está el ambiente. No tuvo que repetir la pregunta, ellos lo sienten tanto como el. Luego de un tiempo, Demetrio camina haciendo lo que hace rato hacía, el tiempo va más rápido para ver que sucede, igual si no pasa nada, mejor, pero parece que la emoción de todo esto es esperar algo, lo que sea. Espera a que la noche cayera con su reluciente manto para abrigarlos en este día, que, a pesar de ser hermoso; con su luz resplandeciente, de plácido aire, tenía debajo de esa muy creíble máscara una sensación grisácea y oscura.
Cuando ningún pensamiento abordó en la mente, cuando el silencio fue roto, cuando las miradas fueron vivas otra vez y justo antes de que el día muriera, una niña grita con estrépito destruyéndolo todo, como cuando alguien arroja una piedra a una gran ventana. Todos, absolutamente todos con la mirada estupefacta vieron el dedo de la única persona que miraba el cielo. Como autómatas siguieron la dirección a donde señalaba y la locura fue inevitable. Sus ojos ven sin creer la realidad de su visión, una luz, llamarada... Un Asteroide. Se dirige justo hacia ellos. Esta vez Demetrio no está viejo, no tiene nietos, no hay historias de medianoche, no hay cuentos; esta vez es real, tan real que siente como el calor aumenta hasta sofocarlo. La gente corre, grita, se estremece, claman al cielo, pero en estos momentos cualquier movimiento es vano, estúpido, nada vale la pena ahora, todo cuanto se conoce será destruido. La bola de fuego se hace inmensa y pasa por encima de la ciudad y choca lejos en un valle. Las olas de fuego, piedra y escombros consumen el suelo a una velocidad impresionante. Ve la puerta de una casa abandonada, se decide por refugiarse cuando sintió un calor tan intenso que le dio frío, el miedo se disipó cuando vio como su cuerpo se desintegraba velozmente y cuando el fuego cegó su vista…
Todo…
Fue amarillo…