Mostrando entradas con la etiqueta Demetrio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Demetrio. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de mayo de 2013

Quien Es Demetrio?


Como se describe?

*Es alguien que no insiste en la rebelión del cielo íntimo en tantos crepúsculos pasados sobre sus historias y sus cosas, añora el credo de un mundo que lo tenía demente y quieto en la ventana empañada, oliendo el tibio sudor del ron dormido en la angustia del aliento que se fregaba en el vidrio, dibujando telarañas con las babas y los besos triturados en la boca que se mordía a sí misma.

*Su poesía escasa de cordura fue marcando el equilibrio resignado entre lo bello y lo oscuro, hambre de la apropiación del verbo, carne de la ostentación violenta de la muerte, sentencia escrita en las llagas.

*Sabe que no hay virtud posible o lógica de andar en la tristeza que une al hombre con su origen y su fragua, pero hay dulzura en su honda y desgarradora música escapada por los muelles de los viajes imposibles.

*Siente que todo es un juego de colmarse y vaciarse, colmarse y vaciarse, vaciarse y abastecerse… una moneda sin brillo y con el valor único de rodar la inmensa estrofa de las citas ordinarias, un intento que lo llevará hasta el fondo del deseo y le mostrará que no he sido más que el miedo a no serlo un indicio de si en la comprobación humana de los otros y en la insignificante ausencia que deja en el filo de la copa, en el horror de la calle solitaria, en los zapatos humeantes de la madrugada inquieta… en el olor de la cama y en las cartas que se pierdan como pájaros de nunca al sol de frente.

*Piensa que sólo un sabor quedará y solamente una boca habrá, si es que la hubiera, para contener el gusto impredecible de un sueño; un temblor en las mejillas de alguien muy profundamente suyo, y ese sabor, y esa boca, y esa vida.

*Desea que los caminos vacíen su huella para renovar la historia cada vez que da vuelta a una esquina, el mismo barrio y una mirada distinta, el mismo hombre y otro barrio, la misma hora de otro momento.

De este forma poco precisa se define



sábado, 18 de mayo de 2013

Buscapié

Los cuentos de la desdicha abundan, como ella, en estas sucias veredas.Un cualquiera le dijo que si hallaba una moneda por la calle la gastara urgentemente, que era de mala suerte conservarla, al igual que el dolor, al igual que el llanto; que la usara en cualquier cosa, en un caramelo, un sueño, o que la derrochara, pero que era de peor destino ignorarla, como si no le creyera.
Quién sabe: la moneda que Demetrio no vió rueda oculta, inalcanzable, prodigando maldiciones a los ciegos, a los pobres, a lo locos, a los tristes.
Quién sabe: Demetrio echo al bolsillo una mano con jazmines y rescató los aromas como un mago, se perfumó con poemas de Girondo y vagó bajo la lluvia como un duende.
El silencio fue un alivio para caminar despacio, a la deriva del alma, no había rincones sin sombras, ni escondrijos sin fantasmas, ni la necesidad de albergue; sólo el mágico sonido de sus pasos, a veces con el retumbe, a veces con el chasquido, y la imperiosa voluntad de ir tan lejos como cercano me fuera el abandono.
Y ni un contador de historias callejeras, y ni un borracho lamiendo su cigarrillo mojado, nadie más que la verdad de su presente, y la moneda rodando entre sus huellas, como un perro rengo asido a su camino, persiguiéndole y siendo el perseguido, recordándole que existe la mentira en la cara que no muestran los amigos y en sus manos apretando una distancia imposible de vagar con la caricia....
Los argumentos del hombre son tan raros, la vergüenza del mendigo es incurable; es la parodia de una música que acerca la melodía de nunca, una trampa, es como la dulce sirena que no existe y nos marea sobre la muerte del agua, es como en la soledad hallar la cama caliente de recuerdos que nos duelen, es como decir estar en otro sitio y, sin embargo, no estar siquiera en uno, es como correr detrás de la moneda que no es nuestra y tampoco es un tesoro, pero el hombre siempre la hace necesaria.

domingo, 12 de mayo de 2013

Baldosas Mojadas

Residuos de la tormenta quedaron arremolinando almas y hojas en la esquina, suspiro gris de la calle súbitamente lejana, como un pensamiento del que forma parte el tiempo, donde el otoño no es más que un hueso lamido lentamente por las horas que revelan su indominio, y las lustrosas películas de luces arrastran livianas sombras por el desgastado adoquinado y las vías inútiles.
No insiste en la rebelión del cielo íntimo de tantos crepúsculos pasados sobre su historia y sus cosas, añora el credo de un mundo que le tenía demente y quieto en la ventana empañada, oliendo el tibio sudor del ron, dormido en la angustia del aliento, que se fregaba en el vidrio, dibujando telarañas con las babas y los besos triturados en la boca, que se mordía a sí misma.
La poesía escasa de cordura fue marcando el equilibrio resignado entre lo bello y lo oscuro, hambre de la apropiación del verbo, carne de la ostentación violenta de la muerte, sentencia escrita en las llagas.
No hay virtud posible o lógica de andar en la tristeza que une al hombre con su origen y su fragua, pero hay dulzura en su honda y desgarradora música escapada por los muelles, de los viajes imposibles.
Todo era un juego de colmarse y vaciarse, colmarse y vaciarse, vaciarse y abastecerse… una moneda sin brillo y con el valor único de rodar la inmensa estrofa de las citas ordinarias, un intento que lo llevará hasta el fondo del deseo y le mostrará que no ha sido más que el miedo a no serlo un indicio de ello, en la comprobación humana de los otros y en la insignificante ausencia que dejemos en el filo de la copa, en el horror de la calle solitaria, en los zapatos humeantes de la madrugada inquieta… en el olor de la cama y en las cartas que se pierdan como pájaros de nunca al sol de frente.
Sólo un sabor quedará y solamente una boca habrá, si es que la hubiera, para contener el gusto impredecible de un sueño; un temblor en las mejillas de alguien muy profundamente nuestro, y ese sabor, y esa boca, y esa vida.
Los caminos vaciaban su huella para renovar la historia cada vez que daba vuelta a una esquina, el mismo barrio y una mirada distinta, el mismo hombre y otro barrio, la misma hora de otro momento...
Lunas capadas de magia bañan, con su cruz dorada, el aterciopelado cuerpo de la soledad caída en su desvelo, páginas de sinrazón, ventanas adormiladas, amores buscando abrigo, párpados que van cayendo en el cansancio y se prenden a un pájaro imaginario con la última fuerza y la terrible esperanza de ser visto en su rumbo, pero por mejor llegar se vuelve ciego y corre, parpadea, corre desesperado, pronunciando su descuido de la carne en el mismo vendaval que le da forma, pasion y espesura, olvidando lo que es porque no le hace falta recordarlo para saber que la razón está en serlo...
Con las baldosas mojadas se despide la tormenta, los pasos de un vagabundo arropan charcos descalzos. Demetrio esta desnudo ante el pálido reflejo de su sexo arrumbado en la nostalgia...




viernes, 3 de mayo de 2013

Sombra

A veces siente que es su sombra, siguiéndole a si mismo, desde el sudeste o el norte según el sol.
Y curiosamente, su sombra le simpatiza mas que si mismo; su espontaneidad, su silueta que se desdibuja, su imantacion y su capacidad de ser inconsecuente con aquel que le da vida, teniendo siempre aspecto propio...
Otras veces, le parece ver a su sombra desde si, y ser el protagonista, robarle identidad, vaciarla, aturdirla a su paso presuroso, marearla sin quedarse quieto.
Y es curioso también porque hay veces, las veces que duelen justamente, en que Demetrio siente que son dos:
El y su sombra
El y su sexo
El y todo lo que no fue es y sera
El y sus carencias
El y su inasistencia perfecta a tantas sentencias
El y lo que espera de el
El y su sombra quieta, dibujada en el piso, en los espejos, en la mañana en el agua, como mapa, como sendero del fin del mundo
El y sus bolsos llenos de silencios
El y su otro yo ensordecido

Y ahi, cuando es todas y ninguna, es alguna, jurado del desaliento, y con esa sonrisa irónica, debe fusilar al resto. Y en el disparo oscuro, en el relámpago mudo, se priva de todos, de si, de su sombra, de su sexo, su ausencia y Demetrio sobrevive siempre a lo que ya no tiene sentido...

jueves, 18 de abril de 2013

En Tercera Persona

Una pesadilla le asalta con frecuencia: llega una mujer herida, por la noche, su casa, ubica el agujero en el pecho, a la izquierda... Su sangre al brotar mancha su puerta, al apoyarse, casi desvaneciéndose... Quiere que la deje entrar. Es como el alma de una amante muerta y resucitada, hambrienta aún... Sólo que no está muerta. Y aunque el vello en sus brazos se eriza y un aire frío que proviene de ella, cruza su umbral.  No ha visto a nadie más vivo que ella cuando le toca, apenas roza su mano con la izquierda, su mano limpia, y susurra un "por favor"en cualquier idioma...
No es médico ni nada parecido. Ha llevado una vida normal, lo que un observador llamaría "sin tacha". Detrás, en la mesa, hay una fuente con fruta, una silla, un cuchillo, un plato con pan... Es primavera, y el viento de la noche huele húmedo, amargo y a flores tempranas. La luna irradia su belleza que como belleza ve al fin, tan cálida y ofreciéndole todo...Sólo hay que tomarla. Oye ladrar perros distantes. La puerta está entreabierta O entrecerrada? así permanece...

... y Demetrio no puede despertar...

lunes, 15 de abril de 2013

Lenta Madrugada

Capas oscuras se mecen con el viento en su hora lenta sobre los hombros difusos de los cualquiera, los nadie, que atraviesan las baldosas desconocidas del puerto… han puesto tantas leyendas en el nombre de los muertos, los fantasmas, el organillero loco, la paloma y el espíritu sacro; han tragado tanto ron y tanta niebla sus ojos, los ojos de aquellos que se recitan la noche.
Demetrio no entiende la despiadada inocencia del amor entre esas calles de nunca… los abismos son palpables, el veneno está en las gotas del rocío, la pesadilla se arrastra en el insomnio.
Y alguien canta su desesperada ausencia en las palabras de un verso tan viejo como la escena, esperando la salvación de los labios que no están junto a su boca, como si el amor jugara su milagro.
No hay inocencia, ni mucho menos piedad, en ese intento sin suerte, ni lugar, por mantenerse en el filo de la angustia hay sí una inmensa virtud que le desvela con su infranqueable verdad impredecible, como una venda que cae de los ojos con los párpados cerrados para romper la ceguera, como el más oculto y tímido secreto que lo sorprende sabiéndolo en el alma.
Pero no sé desde qué estado inconsciente o subconsciente se enluta de tristeza sus pupilas.
Poco hay para mirar, y, de eso poco, poco es lo que ve, y en eso todo es tan amplio que le alucina.
En las páginas ajadas, lo ruinoso de un poema, es apenas un sufrimiento callado.
Todas las formas posibles de estar solo son tan reales como el aroma que abunda y lo rodea

martes, 9 de abril de 2013

Fue Amarillo...

Es domingo, todo está tranquilo. La ciudad ha cambiado, se siente diferente, ahora cada quien posee su propia mirada, como esperando algo. Una vez Demetrio se imaginó anciano y que contaba a sus nietos historias magnificas y tuvo una extraña visión. Vio como el mundo pereció como consecuencia del impacto de un asteroide, era solo una visión, algo como un sueño. Pensó en relatarla a sus nietos, pero no podría contar una historia en donde los primeros en perecer son ellos. Luego volvió a este presente y desde entonces viene viendo, desde hace tiempo, el cielo como esperando que algo caiga. Ahora ve que las personas tienen esa mirada extraña que el tenía y eso le tiene un tanto nervioso. ¿Será posible que la humanidad presienta su destrucción? No lo sabe, habrá que esperar para ver que sucede.
Sus pasos lo llevan hacia ningún lado. Da vuelta en las calles de esta ciudad haciendo que se evaporen los minutos. Dos amigos aparecen, conversan por un rato, discuten asuntos sobre la realidad que se vive y lo extraño que está el ambiente. No tuvo que repetir la pregunta, ellos lo sienten tanto como el. Luego de un tiempo, Demetrio camina haciendo lo que hace rato hacía, el tiempo va más rápido para ver que sucede, igual si no pasa nada, mejor, pero parece que la emoción de todo esto es esperar algo, lo que sea. Espera a que la noche cayera con su reluciente manto para abrigarlos en este día, que, a pesar de ser hermoso; con su luz resplandeciente, de plácido aire, tenía debajo de esa muy creíble máscara una sensación grisácea y oscura.
Cuando ningún pensamiento abordó en la mente, cuando el silencio fue roto, cuando las miradas fueron vivas otra vez y justo antes de que el día muriera, una niña grita con estrépito destruyéndolo todo, como cuando alguien arroja una piedra a una gran ventana. Todos, absolutamente todos con la mirada estupefacta vieron el dedo de la única persona que miraba el cielo. Como autómatas siguieron la dirección a donde señalaba y la locura fue inevitable. Sus ojos ven sin creer la realidad de su visión, una luz, llamarada... Un Asteroide. Se dirige justo hacia ellos. Esta vez Demetrio no está viejo, no tiene nietos, no hay historias de medianoche, no hay cuentos; esta vez es real, tan real que siente como el calor aumenta hasta sofocarlo. La gente corre, grita, se estremece, claman al cielo, pero en estos momentos cualquier movimiento es vano, estúpido, nada vale la pena ahora, todo cuanto se conoce será destruido. La bola de fuego se hace inmensa y pasa por encima de la ciudad y choca lejos en un valle. Las olas de fuego, piedra y escombros consumen el suelo a una velocidad impresionante. Ve la puerta de una casa abandonada, se decide por refugiarse cuando sintió un calor tan intenso que le dio frío, el miedo se disipó cuando vio como su cuerpo se desintegraba velozmente y cuando el fuego cegó su vista…
Todo…
Fue amarillo…

miércoles, 3 de abril de 2013

Avanzaba como tropezando...

Tintinearon unas monedas mientras sus dedos y ojos escarbaban ansiosos dentro de la bolsa: -No alcanza. -Susurraron sus labios morados-. Igual elevó la dignidad hasta su frente y acomodando mugrientas matas de cabello cobrizo, Demetrio continuó.
Nada estaba bien aunque se esforzara en disimularlo...
Chancleteando deshilachadas zapatillas sin cordones y desoyendo la insubordinación de un estómago que no obedecía a su pudor, avanzó. Se adivinó en el espectro de una vidriera sin mirarse mirando, y quebrado, y rendido, por entre la curtiembre apergaminada de su cara, el cause de una lágrima lavó el smock de su hábitat...
En la esquina se detuvo. La correntada de seres estigmatizados en una búsqueda distinta a la de el, apenas la esquivó.
De pié... sobre el cordón, Demetrio parecía mecido por un viento sin brisa.
Bamboleante extendió sus brazos como pájaro; recordó risas, abrazos y caricias; imaginó que el escalón bajo sus pies era cornisa y voló...
Demetrio despertó...