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lunes, 27 de mayo de 2013

Discurso


"Perdí unas pocas diosas camino del sur al norte,
también muchos dioses camino de este a oeste.
Un par de estrellas se apagaron para siempre.
Una isla surgió,
otra se me perdió en el mar.
Ni siquiera sé dónde dejé mis garras,
quién anda con mi piel,
quién habita mi caparazón.
Mis parientes se extinguieron cuando repté a tierra,
y sólo algún pequeño hueso dentro de mí 
celebra el aniversario.
dejado mis sentidos muchas, muchas veces.
Hace tiempo que he guiñado mi ojo a eso,
chasqueado mis aletas,
encogido mis ramas.
Si. Hace tiempo que he guiñado mi tercer ojo a eso,
Está perdido, se ha ido,
está esparcido a los cuatro vientos.
Me sorprendo de cuán poco queda de mí:
un ser individual,
por el momento del género humano,
                             que ayer simplemente perdió un paraguas en un tranvía.


viernes, 17 de mayo de 2013

Al fin el techo dejara de aplastarme...

Dos meses...






Ninguna tiene tanto éxito como La Que No Está. Aunque todavía es joven, muchos años de práctica consciente la han perfeccionado en el sutilísimo arte de la ausencia. Los que preguntan por ella terminan por conformarse con otra cualquiera, a la que toman distraídos, tratando de imaginar que tienen entre sus brazos a la mejor, a la única, a La Que No Está.

domingo, 28 de abril de 2013

Carina en la lluvia

Carina sonrió nerviosa, lo cual, no sé explicar por que, la hacia verse aun mas hermosa. Después clavó sus verdes ojos en el suelo, como si buscara algo que se le había caído (aunque no se le había caído nada). Dudó unos instantes (¿cuatro segundos? ¿cuatro minutos? ¿cuatro horas?). Mientras seguía lloviendo. Sin dejar de dudar (esto se le notaba bien) levantó la cabeza, clavó sus ojos de niña en mi y dijo algo, en ese momento creí que dijo si, ahora creo que dijo no sé.
Sonrió, se levantó y corrió unos pasos, el colectivo se le iba, justo antes de subir se detuvo, dio media vuelta y me dijo algo. Pero no llegué a escucharla, el ruido de la lluvia me lo impidió.

Carina subió al colectivo, y se fue.


martes, 23 de abril de 2013

Aparecida

En otros tiempos, siempre son otros tiempos, los pescadores solían peinar las algas en busca de objetos valiosos, arrastrados desde naufragios perdidos.

Un día, Luther, un buen pescador, buscaba tesoros entre la cruel costa rocosa; vió una criatura iridiscente, adorable, varada en un charco. Extasiado observó a la frágil mujer, encantadora, pálida, ojos nacarados, cabellera verde plata, que caía sobre los pechos desnudos, su voz...

Le fué fácil convencer al pescador que la devolviese al mar en retirada. El la tomó, sutil, apretándola contra su pecho, y empezo a adentrarse en las aguas gélidas.

Luther era hermoso, fuerte, la mujer lo quizo para ella, eternamente; suplicante, lo invitaba a entrar en el mar, su cuerpo era una serpiente elástica entre sus brazos...
Sordo, escuchaba sólo su voz, líquida, efluvios salinos que emanaban de su boca sin labios, capaz de desencadenar tormentas arrebatadoras.
Se hubiese perdido para siempre si su perro no ladra, furioso, desde la orilla. Como despertando de un mal sueño, se alejo y la mujer se lanzó mar adentro, gritando con relámpagos, "Nueve veces rodearé tu casa, nueve ciclos esperaré por tí, amor, te llevaré a dormir en mi vientre...".

Las estaciones pasaron, nueve vidas se gestaron, nuevos sueños esperaron en la orilla. Luther, volvía a la costa rocosa, esperándola, Madrugada tras madrugada, fumando su pipa, hecha de espuma de mar. Ella aparecería, entre espuma y algas, le llamaría, con su voz. Luther sabría que ya era la hora y feliz, se lanzaría al abismo verde, a su amor de voz de plata negra...



domingo, 14 de abril de 2013

Sobre mis párpados

Vive de pie sobre mis párpados
sus cabellos están entre los míos
tiene la forma exacta de mis manos
y el color de mis ojos que la miran
se hunde entre mi propia sombra
como una piedra en el azul del cielo.



Tiene los ojos siempre abiertos
y me impide dormir con su mirada
a plena luz sus sueños luminosos
hacen evaporar todos los soles
sus sueños me hacen sollozar reír
y hablar sin tener nada que decir...
Paul Eluard

miércoles, 10 de abril de 2013

Plazoleta Miguel Abuelo

La luna llena marcaba una línea muy nítida en las sombras que proyectaban los árboles y las casas en la plazoleta. Los niños jugaban a saltar esa línea divisoria en las noches de verano, encorriéndose unos a otros entre la parte clara y la parte oscura. Ellos se encendían y se apagaban según en que lado de la luna estuvieran. Formaban dos bandos. El juego consistía en imaginarse invisibles en la parte oscura de la plazoleta, como si se encontraran en la cara oculta de la luna, y en sentirse muy vulnerables mientras la luna los iluminara directamente fuera de las sombras. Cerca de aquella plazoleta donde los niños jugaban había un cine al aire libre.
Estaba en la cara oculta de la luna. De la pantalla emergían voces y gemidos, sonidos de galopes, de tiroteos y canciones que se solapaban con los gritos de los niños. También de ese lado de las sombras estaba tendido el mar cuyo latido se oía durante la noche después de una tormenta. Siempre he creído que aquella plazoleta dividida en dos por la luz de la luna en verano era la imagen del subconsciente o tal vez una representación de nuestro cerebro, que posee un alvéolo oscuro e imaginativo y otro racional y metódico. La vida se desarrolla según el bando que cada uno eligió en esa plazoleta bajo la luna llena. Había una niña de trenzas rubias que, al iniciarse el juego, siempre se decidía por el lado de la oscuridad. Apenas sus compañeros comenzaban a saltar la raya de la luna, ella huía hacia lo más profundo de las sombras y se perdía. Después de hacerse invisible algunas horas, volvía contando las historias que había vivido al oír las voces misteriosas que salían de aquel cine al aire libre, mientras tenía los pies dentro del mar; en cambio, había un niño que siempre optaba por jugar en la cara visible de la luna y nunca lograba entrar en su parte oscura porque trataba de saltar primero su propia sombra y nunca lo conseguía. Cualquiera puede imaginar que aquel niño todavía estará luchando inútilmente contra sus sueños. Aquella niña de las trenzas rubias, que siempre se perdía en la cara oculta de la luna, una noche no volvió. De hecho desapareció durante mucho tiempo y la familia, los vecinos, sus compañeros de juego, realizaron batidas para encontrarla, viva o muerta. La niña rubia no apareció hasta la luna llena de otro verano. En medio de la noche se presentó de nuevo en la plazoleta. La traía de la mano Miguel Abuelo y ella arrastraba con un anzuelo un pez de oro de gran tamaño, con una esmeralda en cada ojo...
Un relato de MANUEL VICENT 
(con pequeñas alteraciones)

Miguel Abuelo por Cristian English

viernes, 5 de abril de 2013

In principio erat verbum


En el principio, el verbo:

Esta garganta mía y tu oído.

El verbo se hizo carne:

Estas manos de niño con sonrisa.



Habitó entre nosotros, y lo comprendimos, y lo perdimos

Pero la esencia permanece: esto aquí, latido metafísico.

Tú y yo no moriremos: Hay un ángel erguido que nos insita a continuar...