Para qué me haces sentir el miedo ante lo eminente, tan pequeño que ese sentimiento de temorse puede localizar: está un poco más abajo de mi corazón y brillas como un punto, qué ironía, que anuncia el fin... Te saco con esas palabras: con el nombre de las letras con la vista de mis ojos y con mis dedos tecleando, conjuro tu salida de mi cuerpo.
¿Qué acaso no sabes como que soy?
Te burlas de mí porque sos mi norte, porque esas tradiciones nada más no llegaban a ser parte de la cultura, demasiado gringo demaciado latin...
Un pocho vil que teme a la pequeña parca.
Si bien no tendré esas costumbres, tengo la de dar vueltas todo lo que ocurre dentro de mí, y mira, ¿ahora me hace sentir este escalofrio cuando ya todo este cuarto sabe que me acechas?
Pero aún así te reis, porque lo unico que buscas no es mí muerte carnal, sino un poco de honestidad... Pero Honestidad es lo que me sobra, mi honestidad y todo lo que me cuelga...
Que perezca lo falso pero esta luz sólo quiere brillar un poco para vos.
No me aguantas ya, es imposible seguir. Por eso me persigues, tu silueta carga una daga de obsidiana. Queres jugar con las patrañas de la mitología aztecas y llenar las horas que me resguardan del momento que tanto anhelas para arrancarme el consciente con otras tantas del viejo mediterraneo, pero nunca tejes y destejes...
Ahora libre sin yugo alguno más el hecho de ser del Sur...
Yo soy quien es tu fin... Tu pequeña muerte al sur, tecleando delicadamente...
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